El rosal enfermo mi- Lázaro Sánchez Pinto, Ricardo Palmerín Junto al pie del muro donde se sentaba cuando me esperaba, había un rosal, un rosal enfermo que no daba flores, pero que adornaba con verdes colores, pero que adornaba con verdes colores el blanco mural, el blanco mural. Y entre tantas flores fue su preferido aquel rosal triste por falto de cuido; le dio nueva vida, le hizo renacer y el rosal enfermo pagó sus favores cubriendo la tapia de amarillas flores, flores de tristeza, algo de su ser. Mas se fue muy lejos y dejó mi amada tristeza en las flores, la casa cerrada. Con su ausencia todo dejó de existir, y el rosal enfermo, falto de cariño, lo mismo que un niño se dejó morir, lo mismo que un niño, se dejó morir. ¡Oh mi bien amada, oh mi virgencita! por qué si a tu vista todo resucita, si tu ausencia mata, te ausentas así? El rosal enfermo murió de no verte, tu ausencia y tu olvido causaron su muerte; lo mismo, lo mismo, me pasó hoy a mí.