El Crucifijo sol- Luis Rosado Vega, Ricardo Palmerín Qué mustia estaba su frente y qué pálido su semblante, y qué trabajosamente pudo hablarme en ese instante. Cuando yo muera, me dijo, cubre de flores mi lecho y pon aquél crucifijo de marfil sobre mi pecho. Desde eso vivo llorando en la sombra en que me pierdo, como un huérfano, llevando a cuestas aquél recuerdo. Y aunque la pena resisto, voy por mi rutas desiertas con mi dolor y aquel Cristo y aquellas flores ya muertas.